Autismo infantil
El autismo infantil precoz fue descrito por primera vez hace más de 50 años y se caracteriza por un profundo deterioro de la capacidad del niño para relacionarse con las demás personas, incluyendo a sus propios padres.
Actualmente se considera un trastorno generalizado del desarrollo que se inicia en la infancia y se caracteriza por una desviación y un deterioro cualitativo de los patrones normales de interacción y de relación con otras personas y de los patrones normales de comunicación tanto verbal como no verbal.
¿A quién afecta esta enfermedad?
Afecta aproximadamente a 4 de cada 10.000 niños si se aplican los criterios diagnósticos iniciales, que eran muy estrictos. Los estudios más recientes tienden a considerar que el autismo es mucho más frecuente (en torno al 1-2 % de la población escolar) si se aplican criterios menos rígidos en lo que se ha dado en llamar el espectro autista.
Afecta en mayor medida a los niños varones en una relación de casi tres veces más frecuente que en las niñas. No existe, sin embargo, ninguna prueba o test médico que pueda determinar si una persona tiene o no autismo.
¿Cuáles son las causas del autismo?
Aunque inicialmente se consideró un trastorno de origen psicológico debido a un trauma, e incluso que pudiera estar inducido o condicionado por los padres, parecen existir pruebas y es aceptado que en realidad su origen es orgánico, aunque de causa desconocida. Se han descubierto alteraciones en las áreas del cerebro implicadas en la comunicación, algunas de ellas debidas a errores en el desarrollo y otras a procesos degenerativos.
Como posibles causantes se han manejado desde el exceso de gluten en la alimentación, algún tipo de virus u otras enfermedades que contrajo la madre durante el embarazo, deficiencias de la vitamina B6 e incluso algunos derivados del mercurio que actuarían sobre un niño con una importante predisposición genética todavía imposible de detectar. No suelen existir antecedentes familiares de este problema.
Tos
¿Qué es la tos?
La tos es un reflejo que se provoca por la estimulación de los nervios sensitivos de las paredes de las vías respiratorias, es decir, la laringe, la tráquea y los bronquios.
Para que se produzca la tos se tienen que suceder varios fenómenos. En primer lugar, se produce una inspiración breve; posteriormente, la laringe (que contiene las cuerdas vocales) se cierra momentáneamente y los músculos del pecho y del abdomen que utilizamos para respirar se contraen. Esto aumenta la presión dentro del pecho y, cuando la laringe vuelve a abrirse, el aire sale de los pulmones a gran velocidad, y arrastra el polvo, la suciedad o el exceso de secreciones, con lo cual se limpian las vías respiratorias.
El reflejo de la tos es un componente fundamental de los mecanismos de defensa del organismo. En condiciones normales, los pulmones y las vías respiratorias bajas son estériles, pero si llegan hasta ellos la suciedad o cualquier tipo de microbio, se puede producir una infección de los bronquios (bronquitis) o del propio pulmón (neumonía).
Para que la tos sea eficaz, debe ir precedida de una inspiración profunda. Por eso, los pacientes que tienen debilidad muscular, falta de coordinación en el cierre y reapertura de las vías aéreas o que padecen una obstrucción del flujo aéreo (como por ejemplo, en la bronquitis crónica y el enfisema) presentan una tos de mala calidad y tienen un riesgo mayor de sufrir infecciones y neumonías.
¿Cuáles son las causas de la tos?
La tos indica una irritación o la presencia de elementos extraños en las vías respiratorias. La causa puede ser el haber inhalado aire con partículas de polvo, o que algún resto de alimento haya ido por mal camino (atragantamiento). También puede indicar un exceso de secreciones o flemas por la infección u otra enfermedad de los bronquios o pulmones. Algunas causas frecuentes de tos son:
· El tabaco, que a menudo provoca tos y bronquitis crónica.
· El resfriado común: es una causa frecuente de tos aguda, pero generalmente se resuelve en menos de tres semanas.
· El paso de ácido del estómago hacia la garganta (reflujo gastroesofágico) y las vías respiratorias.
· El asma bronquial.
· La aspiración de objetos o cuerpos extraños hacia los bronquios, a través de la boca.
· Otras enfermedades más graves, como la neumonía, la insuficiencia cardiaca o la embolia pulmonar (un coágulo de sangre que obstruye los vasos sanguíneos de los pulmones).
· Algunos medicamentos como los llamados inhibidores de la enzima conversora de la angiotensina (IECA), que se utilizan en la hipertensión arterial y en las enfermedades del corazón.
La varicela es un proceso agudo. Cuando una persona se infecta por el virus de la varicela-zóster la enfermedad se caracteriza por la presencia de fiebre y una erupción generalizada en la piel con formación de ampollas y picor.
La inmensa mayoría de los casos, sobre todo los que se producen en niños, se resuelven espontáneamente sin complicaciones importantes. Sin embargo, la enfermedad tiende a evolucionar peor en adultos, desarrollándose complicaciones con mucha mayor frecuencia. La enfermedad es peligrosa durante el embarazo y sobre todo cuando aparece en personas con inmunodeficiencias (disminución de la capacidad de defenderse ante las infecciones).
La varicela es una enfermedad extraordinariamente común en todo el mundo. En España, durante 2002 se declararon 194.555 casos. El 85% de los niños españoles padece esta enfermedad antes de cumplir los 7 años.
El virus de la varicela-zóster tiene un comportamiento peculiar. Cuando infecta a un individuo por primera vez da lugar a una varicela; cuando ésta se cura, el virus permanece latente, acantonado en los ganglios nerviosos, y muchos años después puede reactivarse y dar lugar a una infección localizada de la piel que se conoce como herpes zóster.
La varicela es una enfermedad muy contagiosa: hasta el 90% de las personas que tienen contacto estrecho con un enfermo desarrollarán la enfermedad (si no la han padecido previamente).
Los seres humanos enfermos de varicela (o herpes zoster) son el único reservorio conocido del virus de la varicela-zóster, es decir, la única fuente a partir de la que el virus se disemina.
Se piensa que el contagio se produce por vía respiratoria. Los virus eliminados por el paciente, contenidos en gotitas de saliva o líquido de las vesículas de la piel y transportados por el aire, entran en contacto con la mucosa del aparato respiratorio de otra persona no inmune, es decir sin defensas contra la varicela y la infectan.
Los enfermos son contagiosos sólo durante los primeros días de la enfermedad, desde unas 48 horas antes de que aparezca la erupción hasta que todas las lesiones están en estado de costra (secas).
Una vez producido el contagio, se cree que el virus se multiplica en el aparato respiratorio, para pasar después a la sangre y diseminarse por todo el organismo. Los virus tienen especial predilección por colonizar las células de la piel, dañándolas y produciendo las lesiones cutáneas características de la enfermedad.
Tras el contagio, hay un periodo de incubación (sin síntomas) de unas dos semanas (10-22 días) antes del comienzo de la enfermedad. Después, durante uno o dos días, hay un cuadro parecido a una gripe con fiebre y malestar general sin que hayan aparecido las lesiones de la piel, que son el dato clave que permite reconocer la varicela.
Varicela
¿Qué es la
varicela?
La inmensa mayoría de los casos, sobre todo los que se producen en niños, se resuelven espontáneamente sin complicaciones importantes. Sin embargo, la enfermedad tiende a evolucionar peor en adultos, desarrollándose complicaciones con mucha mayor frecuencia. La enfermedad es peligrosa durante el embarazo y sobre todo cuando aparece en personas con inmunodeficiencias (disminución de la capacidad de defenderse ante las infecciones).
La varicela es una enfermedad extraordinariamente común en todo el mundo. En España, durante 2002 se declararon 194.555 casos. El 85% de los niños españoles padece esta enfermedad antes de cumplir los 7 años.
El virus de la varicela-zóster tiene un comportamiento peculiar. Cuando infecta a un individuo por primera vez da lugar a una varicela; cuando ésta se cura, el virus permanece latente, acantonado en los ganglios nerviosos, y muchos años después puede reactivarse y dar lugar a una infección localizada de la piel que se conoce como herpes zóster.
¿Cómo se contagia?
La varicela es una enfermedad muy contagiosa: hasta el 90% de las personas que tienen contacto estrecho con un enfermo desarrollarán la enfermedad (si no la han padecido previamente).
Los seres humanos enfermos de varicela (o herpes zoster) son el único reservorio conocido del virus de la varicela-zóster, es decir, la única fuente a partir de la que el virus se disemina.
Se piensa que el contagio se produce por vía respiratoria. Los virus eliminados por el paciente, contenidos en gotitas de saliva o líquido de las vesículas de la piel y transportados por el aire, entran en contacto con la mucosa del aparato respiratorio de otra persona no inmune, es decir sin defensas contra la varicela y la infectan.
Los enfermos son contagiosos sólo durante los primeros días de la enfermedad, desde unas 48 horas antes de que aparezca la erupción hasta que todas las lesiones están en estado de costra (secas).
¿Por qué se produce?
Una vez producido el contagio, se cree que el virus se multiplica en el aparato respiratorio, para pasar después a la sangre y diseminarse por todo el organismo. Los virus tienen especial predilección por colonizar las células de la piel, dañándolas y produciendo las lesiones cutáneas características de la enfermedad.
¿Qué síntomas tiene?
Tras el contagio, hay un periodo de incubación (sin síntomas) de unas dos semanas (10-22 días) antes del comienzo de la enfermedad. Después, durante uno o dos días, hay un cuadro parecido a una gripe con fiebre y malestar general sin que hayan aparecido las lesiones de la piel, que son el dato clave que permite reconocer la varicela.



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